18Diciembre2018

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02 Abril 2018 Escrito por 

El Grupo Ecologista Mediterráneo pide recuperar la cultura del agua de Almería

Tras un largo periodo de sequía, en las últimas semanas por fin ha llovido. Las imágenes de ríos desbordados e inundaciones parecen demostrar que la sequia se ha acabado, pero nada más lejos de la realidad, y lo que es peor, la idea de que la sequía ha finalizado nos impide afrontar decisiones que eviten que esta situación se repita en el futuro. Las sequias son inevitables, pero sus consecuencias se pueden aminorar, en base a planificación y toma de decisiones por parte de la administración y también de la propia sociedad civil.

Como bien conocemos los almerienses, la climatología de nuestra zona se puede resumir en una combinación de largas épocas en las que apenas llueve, con cortos periodos en los que parece que el cielo se nos cae encima. Debemos ser conscientes de ello y almacenar el agua de las épocas lluviosas, para después hacer una adecuada gestión que nos permita aguantar hasta las siguientes lluvias. Pero esto exige un esfuerzo de planificación y toma de decisiones que nuestros políticos y también los agentes sociales, parece que son incapaces de afrontar. Hay que tener en cuenta de que, a pesar de lo que en ocasiones se escucha, el agua no es propiedad de nadie, sino un bien de todos, según la Constitución.

Continuamente escuchamos comentarios que sugieren que el agua es un recurso infinito, por lo que no se debe poner ningún límite al crecimiento de la demanda. Aquí es donde en nuestra opinión reside el principal problema; son muy pocos los que en nuestra provincia tienen el coraje de reconocer que los recursos hídricos disponibles tienden a disminuir, especialmente a causa del cambio climático, mientras que la demanda no hace más que crecer, en ocasiones de manera exponencial.

Nos referimos especialmente a aquellas grandes empresas agrarias que aumentan la superficie regada muy por encima de las disponibilidades hídricas, sin tener en cuenta el entorno socioeconómico y ambiental en el que desarrollan su actividad. El argumento que subyace en este caso, no es otro que el de que, una vez creado el problema, el Estado no tendrá más remedio que solucionarlo, lo que es lo mismo que decir que sea el sufrido contribuyente español el que termine pagando la factura.

Pero volviendo a la sequía, ¿se ha acabado con las últimas lluvias hasta el punto de que ya no hay que tomar medidas, por lo menos hasta fin de año, como plantea la Junta de Andalucía? Las reservas en los pantanos andaluces han aumentado considerablemente, pero es que la situación de partida era muy mala, y las últimas lluvias, si bien son un alivio, no solucionan el problema. En lo que se refiere a los acuíferos subterráneos es previsible que hayan aumentado sus volúmenes, pero la situación es la misma que la de los pantanos o peor, porque muchos de ellos se encuentras sobreexplotados, y esas aportaciones que deberían de servir para mitigar la situación serán rápidamente extraídas.

En el acuífero del Río Aguas, el más sobreexplotado de toda Andalucía, se extrae entre tres y cuatro veces más agua de la que entra; la propia Junta de Andalucía reconoce que se han otorgado concesiones que triplican la disponibilidad. Un ciudadano de a pie se preguntará cómo es posible esta situación y, lo que es peor, una vez que nos damos cuenta, cómo no se toman medidas y se permite que se sigan incrementando los regadíos a costa de esquilmar aún más el acuífero. Situación esta que no es exclusiva del Río Aguas.

Sin embargo, hemos de decir que en las última semanas, hemos detectado un esperanzador enfoque en las manifestaciones de los agentes sociales interesados en esta problemática; en concreto, vemos una interesante actitud en el sector de la agricultura familiar, que por cierto tiende a adecuar su consumo a los recursos disponibles y que en el caso de Almería ya en su momento dio un gran paso en la gestión de los recursos hídricos que creemos hay que repetir en esta ocasión. Por desgracia, y como ya se ha indicado, no podemos decir lo mismo de algunas grandes empresas agrarias que, ante la escasez de recursos hídricos, han optado por una política de ir a buscar este recurso allá donde se encontrara, sin tener en cuenta el coste ambiental o social generado.

Por ello, aprovechamos la ocasión para alentar a la sociedad almeriense y a su clase política para que, entre todos, afrontemos este indudable reto que tenemos todos los que habitamos esta tierra; creemos que el debate se tiene que fundamentar en el convencimiento de que la sequía meteorológica es inevitable a causa de nuestra climatología, pero que realmente es la falta de planificación la que la convierte en hidrológica (escasez de agua), algo que, de una forma o de otra, acabamos pagando entre todos, bien a través de nuestros impuestos o bien hipotecando el presente y sobre todo el futuro ambiental y social de nuestra tierra.

La historia de la provincia de Almería se puede resumir en una serie de crisis ambientales y de recursos naturales que desencadenaron largos periodos de decadencia social y económica. Como consecuencia, nuestros ancestros desarrollaron una cultura relacionada con la gestión de agua como recurso natural básico que últimamente parece que hemos olvidado. Sin duda alguna, ha llegado el momento de su recuperación.