15Diciembre2018

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21 Noviembre 2018 Escrito por 

La UAL trabaja en un proyecto europeo para hacer más sostenible el cultivo de tomate

Los grandes números del Proyecto Bresov llaman la atención por sí solos, con 6 millones de euros de financiación de la Unión Europa, la participación de veintiún socios y once países, pero más aún la relevancia de sus objetivos.

Su nombre surge del acrónimo ‘Breeding for Resilient, Efficient and Sustainable Organic Vegetable production’, y en él subyacen las claves de los objetivos marcados, en los que encaja a la perfección la trayectoria de uno de los grupos de investigación de la UAL más expertos en colaboración internacional: “Continuidad en nuestra apuesta por esa línea durante estos años, haciendo investigación de calidad, en la que tratamos de conocer qué genes resultan esenciales para que la planta pueda equilibrar la producción de fruto con los estreses ambientales”. Así lo ha relatado Rafael Lozano, responsable del Grupo ‘Genética y Fisiología del Desarrollo Vegetal’, de la Universidad de Almería, incluido como uno de los socios “más relevantes en tanto que participa en todos los objetivos del proyecto”.

El propio Rafael Lozano ha dado las grandes líneas maestras del BRESOV, que está dentro de una de las “convocatorias prioritarias del Horizonte 2020 de la UE” y que “ tiene como gran esquema de trabajo poder responder, en el ámbito de las Ciencias Agrarias, a los nuevos retos que tiene la agricultura de los próximos años, y entre ellos destaca que los cultivos puedan hacer frente a los desafíos que plantean tanto el calentamiento global como la incidencia de nuevas plagas y enfermedades y, lo más importante, promover sistemas de producción agraria más sostenibles, integrando productividad y calidad y seguridad alimentaria ”.

En ese sentido, se pretende que dichas consecuciones de alcancen “a partir del desarrollo de nuevas variedades principalmente de tres cultivos, el tomate, brásicas (brócoli, col, coliflor) y la judía”. En la UAL “vamos a evaluar gran parte de la diversidad genética presente en el cultivo de tomate, tanto a nivel agronómico, en campo, como genético, con técnicas de análisis y secuenciación de ADN de nueva generación”.

Por lo tanto, el objetivo es “propiciar el desarrollo de nuevas variedades mejor adaptadas, que se desarrollen, crezcan y sean realmente productivas en condiciones de menor disponibilidad de agua, así como de temperaturas altas. Para ello, trataremos de identificar nuevo material vegetal, lo que se llama accesiones de tomate, que sean portadoras en su genoma de genes de interés para afrontar los factores adversos indicados”.

La UAL localizará las accesiones de ‘mejor adaptación’, y en ellas, con aplicación de “técnicas genéticas novedosas de análisis genómico, participará en el desarrollo nuevas variedades que pudieran responder mejor a esos retos de la agricultura, que son también la resistencia a patógenos, plagas y alta salinidad en algunos países mediterráneos”. Dos requisitos fundamentales en el proyecto son que “estas nuevas variedades estén bien adaptadas a cultivo ecológico y orgánico” y que “puedan ser ensayados en diferentes zonas productivas europeas, de ahí la naturaleza ‘multiactor’ del proyecto”.

Coordinado por la italiana Universidad de Catania, y con cuatro años de ejecución, BRESOV ha sido seleccionado, entre otras cuestiones, por “dos de sus fortalezas; la diversidad de países participantes, justificado por el hecho de abordar tres cultivos importantes en Europa; y la implicación de los agricultores en los objetivos del proyecto, pues en definitiva son ellos los destinatarios de todo el trabajo que se realice,”. Junto a los europeos Francia, España, Bélgica, Portugal, República Checa, Suiza, Reino Unido y Rumanía en BRESOV participan, como países invitados: China, República de Corea y Túnez.

El Grupo de Investigación ‘Genética y Fisiología del Desarrollo Vegetal’ de la Universidad de Almería está integrado por 14 personas, con dos catedráticos, un profesor titular, un profesor ayudante doctor, dos contratados postdoctorales y varios estudiantes de doctorado, e integra las áreas de Genética y Fisiología Vegetal. El grupo colabora con bastantes grupos de investigación, nacionales e internacionales. Su principal línea de trabajo es “identificar aquellos genes clave que permiten a la planta responder a esos factores ambientales, y equilibrar la producción”.

Algunas mutaciones y las accesiones de tomate que se han recogido en distintos lugares del planeta constituyen el principal reservorio de variabilidad genética, a partir del cual los mejoradores pueden desarrollar nuevas variedades mejor adaptadas. “Entonces estaremos en condiciones de llevar al mercado un material que permita al agricultor obtener beneficios ante esas condiciones que, por desgracia, son cada vez más constantes, sin tratamientos excesivos ni infraestructuras de invernadero demasiado costosas”.