25Febrero2018

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BERJA

Es una de las zonas de mejor calidad de vida de la provincia. A caballo entre las comarcas de la Baja Alpujarra y el Poniente Almeriense, presenta características de ambas. Berja, de posible fundación ibera o fenicia, es, sin duda, la Vergis de la Bética romana. Muchos son los testimonios de ocupación romana que se conservan, sobresaliendo las ruinas de Villavieja, los restos de un anfiteatro y un acueducto, y pavimentaciones de mosaico.

Por ella han pasado después otros pueblos, como los sarracenos o los moriscos, hasta la Reconquista en 1492. En la segunda mitad del siglo XIX, con la explotación de las minas de plomo en la Sierra de Gádor, se inicia una etapa de gran esplendor para Berja. De esta floreciente etapa minera se conserva un importante patrimonio industrial, como restos de pozos, fundiciones y galerías, además de numerosas casas señoriales.

En el último tercio del siglo XIX, surgió una nueva fuente de riqueza: los parrales de la uva del barco, que se exportaba al extranjero. Este fue el principal cultivo hasta los años ochenta del siglo XX, cuando se abandonó para implantar los invernaderos, que hoy en día son el pilar económico del municipio. 

Entre su patrimonio más destacado se encuentra la Iglesia de la Anunciación, una obra excepcional de estilo neoclásico; la Ermita de la Virgen de Gádor, fundada en 1588; el Ayuntamiento, un original ejemplo de arquitectura historicista del siglo XVIII; y la Torre del Enciso, construida en el siglo XVI dentro del estilo mudéjar.

La emblemática calle del Agua es una de las vías de más importancia, con casas historicistas construidas en su mayoría a mediados del siglo XIX para la burguesía minera. La importancia del agua queda patente por las más de 30 fuentes de la ciudad, que se pueden recorrer en una ruta.